lunes, 22 de enero de 1990

Para Juan Palomino lo creativo nace de saber elaborar la vida


De la serie Los Desconocidos de Siempre

Por Ricardo Ibarlín

La historia de Juan Palomino, actor, casado con Adriana Ferrer y padre de Sofía, una hermosa beba nacida el primer día de la última década del Siglo XX, comienza como la de todos los hombres con historias. A la de Juan la podríamos contar desde la de un hombre nacido en las cercanías de una misteriosa -todavía-, ciudad incaica.

El Palomino grande nació en el Cuzco. Vino a La Plata a estudiar Medicina. Esta ciudad, como todas las ciudades ligadas al destino de los hombres que la habitan, le cambió el rumbo. Ahora ya hace 30 años que esta casado con Alicia, pero en aquel momento, cuando la conoció y víctima de un profundo amor se unió a ella, transgredió los severos preceptos familiares y no hubo más ayuda económica para seguir su vida de estudiante. De aquel matrimonio nació el Palomino chico -Juan-, en el barrio de 53 y 22, muy cerca de los talleres de aquellos mastodontes crujientes de madera y chapa, que gracias al misterio de la electricidad recorrían la ciudad tejida de vías. Cuando Juan tuvo dos años y medio, los tres Palomino se fueron al Cuzco. Quizás el fracasado estudiante haya regresado a buscar revancha al sitio original, ¿vaya uno a saber?. No le fue tan mal en la empresa: tuvo dos hijos más es un buen comunicador a través de radio y televisión, y ahora ejerce la profesión en Mar del Plata, reconciliado definitivamente con su familia peruana. Y viendo junto a Alicia, como sus hijos trabajan, crecen y los hacen abuelos felices.

"Viví 16 años en el Cuzco -dice Juan, mientras acaricia al siamés Dario Bolichornia-, y repetí el itinerario de mi padre. Aquí di las equivalencias, pero no pude ingresar en Medicina. Por no quedarme sin hacer nada o "andar al pepe", como dijo el viejo, me inscribí en la Escuela de Teatro. Desde allí egresé con todos los elementos para ir formando una vida: una esposa, amigos y una profesión que hasta ahora no he dejado de ejercer. 

Al principio, junto a unos amigos, formamos el Grupo de Investigación Teatral (GIT), que hasta hoy perdura. Hicimos "Atahualpa, el ocaso de una cultura", "Chau Misterix", "Hablemos con el Sol, hablemos con la Luna" y "Fuego" que acaba de ganar el concurso de la Comedia Municiapl. Formé parte de los elencos de la Comedia de la Pcia. de Buenos Aires, hasta que me presento al concurso del Teatro Gral. San Martín, en la Capital. Allí hago "El Burlador de Sevilla", una co-producción con España, y luego "Morgan" de la Gambaro y actualmente estoy en el Cervantes con "Entremeses".

En el cine hice "Miss Mary", "Expreso a la emboscada", "La noche de los làpices", "Cuarteles de invierno", "La sagrada familia", "Guerreros y cautivas", "Yo, el Rey de la Patagonia", y la última fue "Standard" de Jorge Acha con Libertad Leblanc.

-¿Qué es el teatro para vos?

"El teatro le da otra dimensión a lo cotidiano. Lo que ve el espectador ha sido previamente elaborado dentro del actor. Buscando el personaje afloran cosas en el actor que hacen de eso un hecho artístico. Uno se "descubre" y si eso está logrado, el público descubrirá también cosas en eso representado".

- ¿Qué pasa hoy con el teatro?

"Hay que crear propuestas alternativas. Desde La Plata se hace algo. Por ejemplo el Grupo Escombros, que si bien no es teatral sino multidisciplinario, marca una forma con la convocatoria a artistas de la Capital. Se puede vivir de grupos de autogestión, no hay que esperar que siempre el Estado haga cultura. Sería bueno que subvencione a grupos independientes.

-¿Cómo te sentís luego de haber hecho todo lo que hiciste?

"En este momento estoy como en una situación difícil te diría, porque es como que estoy en un momento de mi vida donde siguen apareciendo propuestas -una comedia musical con un rol coprotagónico junto a Raúl Lavié-, y me interesa, pero me interesa nada más. Todavía no he encontrado "la obra de teatro" o el personaje que me permita poner en práctica un montón de cosas. Siento la necesidad de tocar otras notas en cuanto a la interpretación. Quisiera escribir más. Estoy trabajando en una adaptación para el video del cuento "El Fin" de Borges. Estoy en radio, acabo de ser padre. El Cervantes está a punto de parar y me pregunto si a alguien le importará que los actores paremos cuando hay 1.500 trabajadores del riel que van a echar a la calle. Quizás tendríamos que buscar otras alternativas de expresión contándole la realidad de un país. 

Todas estas cosas me van modificando día a día, y uno como actor tiene que decir esas cosas. Mi hija ha modificado mi vida, estoy "en estado de gracia". Esa vida que apareció de repente ha hecho que algunas cosas pasen a un segundo plano, viviendo más intensamente. Como en el teatro, se ha redimensionado lo que pasa a mi alrededor. En mi vida, por haber nacido aquí y haber pasado mi adolescencia en el Cuzco, hay un "quiebre", un fraccionamiento que es lo que más me ata a mi pasado. No tengo lugares comunes en esta ciudad, hay una imagen del pasado en Perú como una primera novia. Anda todo por ahí almacenado. Viajo todos los días a la Capital. Siempre una "doble vida" como dice Soda Stéreo, sin embargo rescato lo referente a las relaciones humanas que me sirven para vivir y estar en esta profesión. Lo demás, los mejores teatros de la Capital, las figuras y las luces, pertenecen al éxito y el éxito es efímero".

Fuente: Diario El Día