sábado, 28 de marzo de 1992

CLÁSICOS EN ESCENA

Viraje del teatro independiente hacia los temas "graves"

Kafka, Sartre, Camus, entre otros autores, están marcando el viraje del teatro independiente de la ciudad hacia un relato "grave". Algunos advierten que, más que un hecho estético, esta "vuelta a los clásicos" significa un acontecimiento social de neto corte contestatario.

Por Carlos Sortino

Recorriendo los escenarios del teatro independiente siempre se pueden encontrar coincidencias y disidencias que, a simple vista, parece producidas por azar, dado que no hay un proyecto común que impulse este tipo de producciones, cuyos hacedores, incluso, difícilmente se encuentran fuera de sus grupos de trabajo y muy especialmente conocen lo que "los otros" están preparando.

Clara característica de la dispersión social, esta manera de convivir de los grupos independientes tiene, sin embargo, puntos de confluencia en el momento de la acción, es decir, en el momento de salir al ruedo a toparse con la gente. Kafka, Sartre y Camus. Nombres cargados de una significación mayúscula en el relato contemporáneo, se encuentran hoy vinculados con la escena platense marcando, más que un hecho estético de "vuelta a los clásicos", un acontecimiento social de neto corte contestatario.

Medio centenar de actores de entre 717 y 70 años están llevando adelante, conducidos por Norberto Barruti y Jorge Romero, El proceso, cuyo estreno está previsto para el 8 de mayo en la sala A del Pasaje Dardo Rocha, espacio en el que ya han realizado un ensayo abierto del relato kafkiano, en diciembre del año pasado, ante 250 personas.

"El teatro siempre implica una crítica y una idea sobre el hombre", dice Barruti, quien define a El proceso como un relato en el que se muestra "la alienación, la masificación, la irracionalidad, la arbitrariedad, la ambiguedad, enfrentados a los valores del individuo, al sentido de justicia, a la oposición a la autoridad, expresados por el personaje central de la historia".

Por su parte, Romero señala que "todo esto se muestra en un espectáculo de corte humorístico, tragicómico, una especie de show sobre la arbitrariedad, entendiendo el humor como un lugar cerca de la muerte", mientras Barrutti afirma que encarar a Kafka significa "ir hacia el encuentro de nuestro dolor más alto, el hecho más espantoso, expresar formalmente, desde el teatro, la tremenda sensación que nos provoca la desaparición de 30.000 personas".

Acerca de la elección de Kafka y de la coincidencia con otros grupos al momento de tomar un texto para su representación en la figura de nombres tan "cargados", Barruti dice que "hay una notable carencia de autores en nuestro medio que expresen los dolores que afectan a la gente de teatro, y es por eso que recurrimos a los grandes filósofos y a la literatura. En algún lugar estamos juntos, aunque no nos conozcamos, en esta vuelta a los clásicos".

De tono similar son las definiciones del grupo Rataplán (Edgardo Molina, Jorgelina Perez, Fabio Prado González, Cristina Demo, Roberto Aceto, Raúl Martínez Mollo y Jorge Perez), abogado a la tarea de interpretar libremente a Calígula de Albert Camus.

"No hay dramaturgos", sostiene Prado González, mientras Di Cocco (de recordada actuación en Del mar Caspio, de Gogol, dirigido por Molina afirma que "falta en la dramaturgia de hoy el reflejo de esta sensación abrumadora que nos afecta. Quienes pudieron haber logrado esto, o fueron asesinados o tuvieron que irse, y este hecho marca un corte generacional muy brusco y fatal".

El director del grupo, Edgardo Molina, señala que en esta versión de Calígula se trata de recrear la actualidad de nuestro país, marcando "el tema del poder por sí mismo sin importarle ningún costo, y esto tiene su correlato con nuestra realidad, en la que nos preguntamos qué nos pasa cuando al gobierno no le importa lo que nos pasa".

Tal vez la muestra más significativa de este compromiso con la realidad del que hablan los integrantes de Rataplán lo marque un detalle de la puesta en escena: "Hay un momento -dice Molina- en que la gente, el público, decide el final de la obra. Es el momento en que se apela a los espectadores para que voten y definan cuál va a ser el destino de Calígula. No importa tanto el resultado de esta votación sino el hecho de comprometernos a sentir que la existencia de Caligula o su desaparición es una responsabilidad nuestra".

Tanto la versión de El proceso como la de Calígula están próximas a estrenarse y con sus animadores trabajando al máximo. Es la diferencia con A puerta cerrada, en el grupo Ego Sum Qui Sum (Liliana Alegre, Miriam Martínez, Ernesto Meza y Sergio Marchese en la técnica, todos ellos debutantes y formados en el Taller del Sur de Diana Fainstein) viene mostrando al público desde mediados de febrero y que este fin de semana cerrará su ciclo en el Pasaje Dardo Rocha, para continuar luego en otros lugares.

"Trabajamos a partir del grotesco -dice Liliana Alegre-, buscando presentar un clásico desde otra perspectiva, sin solemnidades. Mantenemos la inteción y el mensaje de Sartre: el infierno son los otros, es decir, la difícil convivencia a la que estamos sometidos. Y mostramos esto exagerando las características de los personajes, trabajando con máscaras, y estableciendo un juego escénico, a los saltos entre emociones encontradas, entre un hombre cobarde que se escuda en el pacifismo, una mujer narcisista y otra lesbiana, lo cual nos sirve para desnudar todas las hipocrecías de las convenciones sociales."

El relato "grave" está presente en la ciudad a través del trabajo artístico de grupos que no se conocen entre sí, pero que las circunstancias los impulsan a encontrarse en el punto de confrontación de la realidad con el deseo. Porque, como dice, Norberto Barrutti, "el teatro no da soluciones. La solución la da el hombre en comunidad".

El Proceso, de Frank Kafka, abordado por el Taller de Teatro de la Universidad; A puerta cerrada, de Jean Paul Sartre, tomado por los debutantes del grupo Ego Sum Qui Sum; Calígula, de Albert Camus, recogido por el grupo Rataplán, son algunos de los proyectos que hoy se nuclean bajo un común denominador: señalar el absurdo de esta realidad y mostrar descarnadamente quienes son sus responsalbles.

Fuente: Página 12, La Plata 28 marzo 1992

sábado, 21 de marzo de 1992

Rubinstein. una temporada en el convento

Actor, director y profesor de teatro, Alberto Rubinstein desembarcó de nuevo en La Plata después de dirigir una obra sobre el debate entre la Iglesia y el psicoanálisis que motivó que todo el elenco pasara una temporada en la Abadía benedictina de Entre Ríos

Alberto Rubinstein (51) volvió a la ciudad. Más canoso, es cierto, pero cargado de una experiencia teatral y docente sumamente rica que pretende compartir con los jóvenes que hoy enarbolan la misma pasión por la escena que acuñó aquella generación de los sesenta de nuestra ciudad y a la que pertenece con manifiesto orgullo.

Platense cien por cien, hijo de un joyero de diagonal 80, egresado del industrial Albert Thomas como técnico mecánico, Beto Rubinstein cambió de inmediato las herramientas y optó por el teatro. "Mi primera escuela fue el CLIMN -recuerda hoy con el aspecto cansino de siempre- tenía unos 15 años y nos posibilitó entrar al teatro jugando, sin darnos cuenta". De allí pasó al recordado Teatro de la Universidad "en donde estaban todos los monstruos de aquél entonces empezando por Gené. Allí estaban Piri Lanteri, Mónaco que hoy gana Estrellas de Mar todos los años dirigiendo en Mar del Plata, Rubi Monserrat y tantos otros. Aquella ciudad permitía volcarse al teatro con todo y participé en la fundación o refundación de cantidad de grupos.

La lista es larda: refundación del Teatro Universitario, aquél grupo creado por María Mombrú y Enrique Scope del que saliera una figura del nivel de Renzo Casalli, que luego instaló su bunker vanguardista en Milán; Teatros Asociados en calle 5 en donde dirigió Carlos Lagos sus primeros espectáculos "y en donde pusimos una versión de "El nack" mucho mejor que la que hicieron en Buenos Aires" y por último, la sala Discépolo en donde comenzó a trabajar como director y a dar clases. Había tenido brevemente un leve paso por la Comedia Provincial, pero es la sala Discépolo la que sirve de trampolín a Beto Rubinstein para saltar a Buenos Aires.

"Traje a la sala a Inda Ledesma y vio un espectáculo mío que le interesó mucho. A partir de allí compartí con ella 8 años y fui su asistente primero y luego compañero de docencia porque dábamos clases juntos". Paralelamente prosiguió su formación estudiando con Agustín Alezzo y haciendo entrenamiento con Augusto Fernandes con quien todavía, cuando Fernandes regresa al país de su estancia europea, prosigue porque "siempre un actor, un director, debe entrenarse. Es como los deportistas que por más que sean superdotados necesitan estar en forma y mejorar siempre su técnica. Por ejemplo Fernandes trajo unos ejercicios nacidos en la escuela de Strasberg en los Estados Unidos sensacionales. Puede decirse que lo que antes, en nuestro tiempo, tardábamos cuatro años hoy se puede hacer en dos".

BETO EN EL CONVENTO

Desde hace seis años se encuentra instalado en "El Galpón del Sur" junto al berissense Lito Cruz y a Gustavo Manzanal un pedagogo que protagoniza, además, la última y polémica puesta de Rubinstein. "Allí comencé con una nueva puesta de "Los casos de Juan" obra que ya había trabajado en La Plata. Seguí con un espectáculo mío, "Pequeño hombrecito" por el que fui invitado al Festival Internacional de Caracas y en estos momentos está en escena. "Pueblo rechazado o El provenir de una ilusión", adaptación de una obra de Vicente Leñero que cuenta la polémica entre la Iglesia y el psicoanálisis."

Para montarla y "dado que la mayoría del elenco era ateo y desconocía los mecanismos de la fe y los comportamientos que emanan de ella, nos internamos cinco días en la Abadía del Niño Dios de Victoria, Entre Ríos, en donde hicimos en ese lapso, exactamente la misma vida de los monjes. cuando ellos oraban, nosotros lo hacíamos a nuestra manera pidiendo el éxito de la obra y recordando a los grandes maestros del teatro. Es decir, un poco a nuestros santos. Fue una experiencia maravillosa, en donde se nos posibilitó una sala de reuniones ya que el resto de día cumplíamos con el silencio que rige sus vidas. Luego, cuando la estrenamos, grabamos un video con la obra y se lo remitimos recibiendo un conceptuoso reconocimiento por parte del abad. Por eso en el programa agradecemos a ellos, por su hospitalidad y por haber compartido su pan casero y su buen vino con nosotros".

Esta obra está ahora en escena y Beto Rubinstein se dará el lujo de tener dos obras simultáneamente, ya que estrena el próximo 5 una versión suya de "Electra" de Eurípides en el Palais de Glace. Con este bagaje, desembarca ahora de regreso a su ciudad de la que no quiso irse del todo, como otros, a Buenos Aires. Quizás por eso eligió como lugar de residencia a Quilmes, a mitad de camino entre ambas.

Fuente: Diario El Día, Espectáculos, La Plata, Sábado 21 de Marzo de 1992.-

viernes, 20 de marzo de 1992

Opciones para todos los gustos

Sábado 18 de julio de 1992

Tiempo libre


Teatro
  • Pasaje Dardo Rocha, 50 entre 6 y 7, Sala B, hoy, a las 21, A puerta cerrada, de Jean-Paul Sartre, interpretada por el grupo Ego Sum Qui Sum. La obra cuenta con auspicio de la Alianza Francesa.
Fuente: LA NACION (LA PLATA)