lunes, 8 de octubre de 2012

Tributo a Elisa Raggio

Revista ¿Qué hay en danza? Año III nº 32 | Pags 18-23 NOTA DE TAPA | La Plata, octubre de 2012

(por Bernardo Durquet y Mercedes Tonelli) 

Hemos querido rendir homenaje a una de las maestras más notables que la ciudad ha dado a la danza clásica. La entrevista es apenas un pretexto para recordar historias, rescatar anécdotas y sorprendernos con cada definición de una docente de alma. 

Foto de tapa: “Elisa Raggio” Gentileza Elisa Raggio

Bailarina en el Teatro Argentino. Maestra de danza clásica de los cursos superiores y preparadora de bailarines para concursos y postulantes a bailarines. Trabajó mas de cincuenta años en la Escuela de Danzas Clásicas. Fue directora del Ballet Juvenil de la Escuela de Danzas. Profesora de coreografía en la Escuela de Danzas. Maestra del cuerpo de baile.

 Una mañana de sábado nos recibió en su piso y casi no fue necesario cumplir con los formalismos de la presentación ya que a los pocos minutos la charla surgió espontáneamente. Simpática, cálida y con una particular belleza, esta “señora” de la danza nos confió que después de tantos años de trajinar está tratando de cortar los lazos que la vinculan con la danza clásica. 

Más allá de que estamos convencidos que Elisa Raggio y danza clásica son ya sinónimos, quisimos -por si cumple su promesa- asegurar a nuestros lectores sus impresiones. Aquí les acercamos una ínfima aproximación a su inagotable arcón de recuerdos… 

Elisa, ¿qué rescata de sus inicios? 

Yo comencé de grande, a los 12 años, muy grande, porque en esa época era un poco tabú, la mamá no quería; cómo iba a bailar la nena?, toda esa cosa de prejuicio. Y entonces comencé a estudiar en forma particular, después ingresé a la Escuela Nacional de Danzas y estuve allí hasta que ingresé al Teatro Argentino. En ese período, a los 14, 15 años -muy rápido todo-, ya estaba trabajando como profesional en un grupo de ballet privado que dirigía el maestro José de Cherpino; muy buen coreógrafo. 

Hicimos dos temporadas, una en el teatro Politeama y la otra en el teatro Odeón. Esos fueron mis primeros pasitos. Trabajé también muchísimo con la señora Margarita Balman, en películas. Se filmaba mucho ballet en esa época. Todas las películas tenían una parte de ballet, y había películas que eran propiamente dedicadas a la danza; entre ellas recuerdo a “Pájaros de Cristal” (1955), ahí el coreógrafo era Vassili Lambrinos; después “Donde mueren las palabras” (1946), un ballet hermosísimo (debió ser llevado al Teatro Colón, enfatiza), y otras películas más. 

Pero ahí era chiquita yo, y la primera vez que bailé como profesional digamos, teníamos 14 años, una compañera y yo, en una compañía española. Fue muy gracioso eso porque era una compañía totalmente española, pero con dos bailarinas clásicas. Se nota que necesitaban un número, para hacer los cambios de vestuario y todas esas cosas y ahí entrábamos nosotras. Teníamos función todos los días, y recuerdo a mi mamá sentada en la platea para cuidarme. Después ingresé en el Teatro Argentino e hice la carrera ahí. Con posterioridad me contrataron en la Universidad de Cuyo para dirigir el ballet de allá, y la escuela. Allí estuve 4 años. Me hubiera quedado en Mendoza, me encantaba… pero estaba de novia con un músico de acá de la orquesta que no quiso quedarse allá así que volví para casarme y entonces ya me radiqué en La Plata, en 1960. 

Entonces, ¿hasta 1960 todo había sucedido en la Capital y a partir de ese año, en La Plata, en el Argentino? 

No, en el Argentino empecé en el año 1947 (iba y venía, en un viaje largo porque vivía cerca de Vicente López), en 1960 arranqué la docencia en la Escuela de Danzas Clásicas, en el 47, bueno, comencé mi carrera como cuerpo de baile y después ascendí a solista y después, por concurso, a primera bailarina, una carrera bastante veloz. Pero se trabajaba muchísimo en esa época. Incluso hacíamos toda la temporada de verano en el Teatro del Lago. Es hermoso ese teatro. Era tan bonito, esa luna que se veía ahí en la noche. Era hermosísimo el espectáculo en el bosque. Después se dejó... una lástima. 

Más o menos en esa época, ¿cuántas funciones había por año? 

En el Teatro Argentino más o menos cuatro o cinco, aunque se hacían más funciones. Se trabajaba más que ahora. Había más funciones. 

¿Hacían giras? 

En el 60 no, pero después cuando se quemó si. Mientras yo bailé se hacían giras. Pero las giras son costosas, son complicadas. 

Volvamos a la escuela de danzas; ¿Ud. llegó a ser directora? 

No, nunca fui directora de la Escuela, nunca quise, porque mi vocación era otra. Una se hace cargo de la dirección de una escuela y todo cambia. Hay papeleo, burocracia y se necesita tener capacidad y condiciones para eso, también. 

Mi idea era otra, inclusive cuando ingresé a la escuela no existía ninguna materia que ligara directamente a las alumnas al escenario; existía técnica de la danza y otras materias complementarias, pero en mi opinión faltaba ese nexo entre el conocimiento adquirido y la puesta en escena. 

Entonces hablé con la directora y le comenté que seria interesante que pusiéramos una materia “práctica escénica”, para que las chicas tuvieran la oportunidad de ejercitar directamente en el escenario. 

¿Tuvo respuesta favorable? 

Sí. Me hicieron caso. Se creó esa materia y yo la tuve a cargo bastante tiempo. Después me sucedió Tamara Grigorieva. Y de ahí surge el ballet de la escuela. Con esa idea. 

Primero se hacía con un grupo reducido de alumnas, después eso fue creciendo, a mi se me ocurrió formar un ballet. 

Después se formó el ballet infantil, luego el juvenil. O sea se trabajaba muchísimo. Nosotros con las chicas, recorrimos casi toda la provincia con el ballet de la escuela. 

Todo eso, le cuento, que lo hice gratis ¿eh? No me pagaban por eso. Me pagaban por mi cátedra técnica nada más. Después se ve que alguien advirtió eso y nos pagaban. 

Más tarde dejaron porque no sé muy bien qué problema hubo; sacaron las horas extras y entonces tuve que concursar para volver a estar a cargo del ballet.

La interacción de los alumnos con el teatro es fundamental. . . 

Si, al principio era directa, luego fue más complicado. Al principio había mas conexión, inclusive por ejemplo, yo iba a la directora la Sra. Besozzi y le decía: mire señora, tenemos preparado un espectáculo para tal fecha, y ella bajaba y hablaba con el director del teatro y teníamos el teatro. Se trabajaba muy ligado. 

Existía solamente danza clásica en ese tiempo; después se agregó contemporánea y después se agregó otra carrera más que es expresión corporal. 

¿Hoy la afluencia de chicos para el ingreso a la escuela es mayor? 

Siempre. Aunque hubo una época, como cuando yo ingresé, en que era más estricto el ingreso, se anotaban 300 e ingresaban 30. Era así. Pero ahora no, ahora hay más amplitud. Hay mucha gente interesada todos los años. 

Es más, ingresarían más si no pusieran tope. Porque como no hay capacidad física, entonces llega un momento que se dice: hasta acá; y no puede inscribirse más gente. Es un crimen es una lástima. No tienen dónde poner los alumnos. 

Y después es importante el rol de los docentes para convencer y lograr que se queden... 

Si, por eso es importante también que tengan el ballet. El ballet es primordial, porque supongamos que no tengan la suerte, porque no todo el mundo tiene la suerte de ingresar en un ballet. No es tan fácil. No hay tantos. Entonces, bueno, por lo menos que la Escuela les dé esa enseñanza, esa práctica, pero no una vez, por años. No es la misma escuela de antes, pero bueno, todo cambia. 

Hay muchos problemas, con los papás, cuando uno los corrige… 

Mire, la danza es MUY exigente. A veces es difícil entender cuando uno les dice que la chica no tiene condiciones. Lo reciben como una ofensa. Me dicen: ¿cómo? ¿mi hija no es normal? Si, es normal. Lo que no es normal es la danza. Porque el ser humando no fue creado ni para volar por los aires; ni para pararse en la punta de los pies, ni para girar como un trompo. No fue hecho para eso. Para lograr eso hay que hacer mucho trabajo, y eso es lo que algunos papás no entienden . Es complicado 

Otros casos, esos chicos que entran a veces, obligados por la mamá, porque la mamá no pudo bailar, esos chicos sufren porque hay comparación. Son inteligentes y se dan cuenta. Por qué ella puede y yo no puedo. Es complicado y es difícil hacérselo entender a los padres.

Es que debe ser difícil decirle a alguien que no está calificado... 

El planteo es admitir que no tiene aptitud. Mire yo una vez tuve una nena que tenía algo muy especial, estaba en preparatorio, yo veía que esa chica tenía talento, pero para bailar, nada, nada, era un tronquito pobrecita. Entonces la llamé a la mamá. Le expliqué, mire esa nena no tiene condiciones para bailar, pero tiene un oído musical fuera de serie y además es muy artista. Por suerte no se ofendió. La sacó, y la mandó a la escuela de música. Al año siguiente me vino a saludar, y a agradecerme porque la chica había encontrado una faceta. Pero… es una entre muchos. 

¿Entonces el dilema es bajar la exigencia o quedarse sin alumnos? 

Eso es lo malo, se nivela para abajo. Ese es el problema. Toda la enseñanza se ha nivelado para abajo. En el caso de la danza, el bailarín, mucho más, porque la carrera es muy corta. A los 17 años ya tiene que estar hecho. Porque no se puede a esa edad todavía ser un alumnito. No puede ser. Pero bueno, en algún momento se va a revertir eso. Son ciclos. 

Elisa, vayamos a los mejores recuerdos que tenga. 

Como bailarina son muchos. Bueno, cuando hice Salomé, un ballet maravilloso. Después, una vez organizaron del Círculo de Periodistas un espectáculo en el Coliseo Podestá de danza. Yo bailé ahí una variación, se llamaba “demonología”, justamente del maestro Cherpino, bueno, lo que yo sentí ahí fue maravilloso. Porque salí a saludar y estaba todo el público de pie y el teatro lleno de bote a bote. No me voy a olvidar más de eso. Bueno, y todos lo roles que hice, fueron por suerte satisfactorios. Tengo una anécdota terrible. La voy a contar porque… A mí el maestro Borowski (Michel) me había puesto a bailar una danza que se llamaba Danza guerrera - que después se hizo famosa- . Bueno, lo cierto es que me corrigió todo. Yo tenía que morir. Moría y lo único que caía era la mano. Corrigió la mano; cómo tenía que ponerla, qué se yo. Y en el ensayo general me ayudó a levantarme y me dice: mire que es artista Ud.; era ruso él. Bueno, llega el día de la función. Salgo, y a los 16 compases... me olvidé la coreografía. Se me borró. 

 Una laguna... 

Una lagunaaaa. Esos fueron los nervios. El maestro di Giovan Battista que dirigía la orquesta y que conocía el ballet al dedillo, miraba la partitura, me miraba a mí, pensando que ellos se habían equivocado, que estaba mal. Bueno, termina la función, y me muero, me morí de pie. Fue terrible. Había un paso que fue muy difícil para hacer. Lo tenía que hacer 4 veces, con batería, triple y caer a la rodilla, qué se yo. Lo debo haber hecho 20 veces. Fue de terror. Cuando voy a tomar la última diagonal, que tenía que hacer un “grand jete”, cruzar todo el escenario con el “grand jete“ siento que el maestro Bronwsky me dice: ¡ahí no es! Ah bueno, dije. Se acabó. Suceda lo que suceda, es el último salto. Tiré la espada y me quedé ahí muerta de pie. Al público le gustó. Me aplaudieron bárbaro, pero yo me fui... Encima el maestro retándome a mi. Había un señor que era el jefe de iluminación que encima lo retaba a Borowski. Le decía: ¡cómo le grita así a la chica! Fue un escándalo esa función. Desaparecí del teatro, no quería ir más. Estaba desesperada yo. Me manda a buscar el maestro Borowsky, me obligó a hacerla nuevamente. Yo creo que si no me obligan, no bailo más. Después fue un éxito. Ay, pero eso fue tremendo… (risas). Improvisé ahí en el escenario e hice cualquier cosa, pero lo peor fue cuando me dijo ¡no, ahí no es! Y era ahí. Después, él se había equivocado. Era ahí, había agarrado justito para el final, cuando siento: ahí no es; bueno dije yo, que pase lo que pase... 

 Eso es lo que define a un artista, que el público no se haya dado cuenta. 

No se dieron cuenta, es verdad. Pero el maestro Di Giovan Battista estaba desesperado arriba del escenario ¿Que pasó? Otra cosa que a mí me emociona mucho es que a mí la orquesta me aplaudía. Siempre que bailaba escuchaba el TAC TAC que hacen en el atril. Son recuerdos muy lindos. 

¿Y la docencia qué recuerdos le ha dejado? 

Y... lindos. Ver a las chicas realizadas. Cuando fui a Bahía y las vi a todas tan bien. Es fantástico. Después hay muchas que están jubiladas. Imagínese: cincuenta años en la escuela estuve yo. Hay muchas que están jubiladas, son madres, son abuelas. 

¿Cómo ve Ud. la danza hoy? 

Qué sé yo, yo veo, por ejemplo, mucha preocupación por levantar la pierna bien arriba, no sé, me parece que no veo vocación en alguna gente. Los veo como un trabajo. No todos ¿eh? No vamos a meter a todos en la misma bolsa. Me parece que antes había mas vocación. Se trabajaba de otra manera, no sé. Ahora se ha burocratizado también. Eso sí, ha adelantado técnicamente en forma increíble. 

Los adelantos técnicos, ¿ayudan al bailarín? 

Sí, ayudan. La puesta en escena es una cosa que es muy importante. No es lo mismo bailar con un trapito colgado que con un gran decorado, la iluminación con efectos, el vestuario. Es muy completo El espectáculo de la danza para mí es el más completo de todos porque incluye todas las artes. Todas. La danza, la música, la pintura, la escultura, la escenografía, el teatro, todo. La historia en algunos. 

Como directora del ballet ¿ese paso cómo lo recuerda, era algo que se imaginó cuando empezó o la sorprendió cuando tuvo la oportunidad? 

 No, eso fue hermosísimo, porque fue sucediendo como ya expliqué, con la creación de esa materia -práctica escénica- y después empezó a crecer, a crecer el grupo. Empecé yo a entusiasmarme más y empezamos, bueno, a formar ya una pequeña compañía. Hemos hecho giras por todo el interior de la provincia -cosa que ahora no se puede hacer- . 

Hay muchos problemas con la seguridad de los chicos y esos temas. Trabajamos también en Mar del Plata en el Auditorio con el ballet, e hice un poco de todo, una vez tuve que bailar yo para suplir a alguien. Ha sido maravillosa esa época. Y casi todas, casi todas las chicas están trabajando como profesionales. Se trabajaba con mucha continuidad. Se hacía una función y al otro día: chicas, mañana ensayo, no había descanso, nada. 

Cuando se quemó el teatro fuimos a parar todos al Rocha. Esa fue una época magnífica para el ballet de la escuela. Era una función atrás de la otra. Se hacían 7/8 funciones por año, con diferentes programas. Y trabajaban a nivel profesional ya las chicas. Me acuerdo que estaba con Yolanda Montoya, y me dice una vez: “ay, Elisa, vamos a tener que frenar un poco por que no son profesionales… son alumnos.” Nosotros ya estábamos exigiéndoles. Además, teníamos la colaboración de la gente del Teatro, una maravilla. 

¿El equilibrio entre trabajo y familia es tan duro? 

Es complicado. Yo pienso que si, que se puede formar una familia. Hoy en día se forman familias, las chicas todas tienen su matrimonio sus hijos. Yo un poco dejé de bailar cuando tuve mi primer hijo porque me daba la impresión que no podría hacer las dos cosas. La forma en que hacía lo mío no era compatible con ambas cosas. Así que si bien dejé de bailar, seguí como docente, no corté la carrera. A lo mejor cometí un error. Lo que no les conté es lo que hice con mi grupito...

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