martes, 20 de noviembre de 2012

Iluminar lo oculto


INFANCIA CLANDESTINA (2012) | Martes 20 | Noviembre 2012

Estrenada en octubre, "Infancia clandestina" sigue presente en las pantallas nacionales para recordarnos que nuestra historia no está despojada de amor, humanidad, terror, miedo y lucha. Todo eso, complejo y entramado en la mirada de un niño/adolescente.

Por Clarisa Fernandez


Hace ya más de un mes que Infancia clandestina, la primera ficción de Benjamín Ávila, se estrenó en los cines nacionales, y todavía está en cartel. Había leído varias críticas, -todas buenas- sobre este film, que relata la vida cotidiana de una familia argentina cuyos padres son militantes Montoneros, desde la mirada de uno de sus hijos (Juan), en el marco de la contraofensiva montonera en el año 1979. Como dijo Ávila no es una película autobiográfica, pero sí está basada en hechos de su vida y de sus hermanos, quienes realmente vivieron esa cotidianidad, y cuya madre fue secuestrada desaparecida en 1979.

Juan (Teo Gutiérrez Moreno), de once años, entra al país con su familia luego de vivir varios años en el exilio, con tonadita cubana y con nueva identidad: de ahora en más su nombre sería “Ernesto Estrada”. Sus días transcurren en una casa donde su madre Charo (Natalia Oreiro), su papá Horacio (César Troncoso) y su tío Beto (Ernesto Alterio), planean sus estrategias, reciben compañeros, cuentan municiones y recuerdan por compañeros caídos (Presente!) al grito de Perón o muerte. Su hermanita Vicky, con pocos meses de vida, llora como cualquier bebé sin comprender por qué cada dos días alguien muere, por qué hay un escondite oculto en la casa y por qué hay armas arriba de la mesa. En esta cotidianidad cargada de tensiones, pasiones y temores, el ahora Ernesto va al colegio y conoce a María (Violeta Palukas), una nena de quien se enamora. Como algunos críticos han dicho, esta historia de amor entre los niños-adolescentes es la que estructura la película, en un contexto de militancia y autoritarismo militar.

La película toca fibras íntimas, sensibles, complejas de nuestra historia, y abre posibilidades de lectura riquísimas para explorar distintas perspectivas desde donde verla. El roce entre la vida militante clandestina con una cotidianidad distante de la lucha revolucionaria y todo lo que ella conlleva, llega a su clímax cuando aparece en escena la abuela de Juan, Amalia (Cristina Banegas). Amalia hacía años que no veía a sus nietos, y llega con los ojos tapados detrás de cajas de “mani con chocolate” en una camioneta; la trae el tío Beto para darle una sorpresa a Juan en su cumpleaños falso (recordemos que Ernesto cumple un día distinto al de Juan). La discusión que mantienen Amalia y Charo reflejan posturas que al principio parecen contradictorias: el miedo frente a la muerte, la necesidad de proteger a los suyos (en el primer caso), y la lucha revolucionaria ante todo, incluso frente a la posibilidad de que sus hijos resulten dañados (en el segundo caso). Ambas se trenzan en una acalorada y violenta discusión, pero luego terminan abrazadas (este abrazo es, para Ávila, la postura que rompe con el pensamiento binario).

El guión de Infancia clandestina fue escrito por Ávila y Marcelo Müller, y está coproducida por Habitación 1520 junto a Historias Cinematográficas, de Luis Puenzo, y la Televisión Pública. Si bien es una película que se venía gestando hacía varios años –según afirmó el director- costó conseguir recursos para finalizarla porque muchos la consideraban “una película más de la dictadura”. Dos cosas que decir sobre esto: es y no es una película más sobre la dictadura. No es porque no está puesto el foco específicamente allí, porque incluye recursos como caricaturas para mostrar los momentos más cruentos del relato (quizá a modo de “recuerdo de niño”), porque, también como afirmó Ávila, no se concentra en el horror, aunque inevitablemente el terror esté merodeando todo el tiempo. No es una más porque se destaca en las actuaciones, en el guión, en el modo de relatar una cotidianidad compleja cargada de matices y contradicciones, porque es fresca y dinámica aunque tenga una carga emocional y dramática impresionante.

Por otra parte es una película sobre la dictadura, porque está la lucha revolucionaria presente, porque se muestran prácticas de Montoneros y está atravesada por un discurso militante, porque se habla de ideales, de política, de dilemas de cómo contar la historia (no dejemos de lado las escenas en la escuela en donde las maestras reivindican la matanza realizada por los colonos en “el descubrimiento de América”). Y pregunto: ¿cuál es el problema de que sea otra película sobre la dictadura? ¿Acaso no es bueno que cada vez haya más producción artística comprometida en recordar lo que se vivió? ¿Qué mejor que se construyan nuevas miradas sobre los acontecimientos? Que van a ser siempre miradas parciales: sí; que van a estar cargadas de emocionalidad: sí, que van a proponer reflexionar sobre algunas cosas y no sobre otras: sí. Pero eso es inevitable. Lo importante es que estas miradas no reduzcan sino que abran, no simplifiquen sino que complejicen, no dogmaticen sino que provoquen reflexión crítica. Todavía hoy existen discursos que reivindican el autoritarismo y la violencia del terror, y eso está a la vista en acontecimientos que está  ocurriendo hoy en día, y se visibilizan y reivindican constantemente. Por eso es importante no olvidar y crear miradas y formas de recordar críticas, atravesadas por las tensiones que esos acontecimientos innegablemente invocaron.

Infancia clandestina fue elegida para competir por los premios Oscar 2013 representando a Argentina. Fue seleccionada entre películas como El último Elvis, El elefante blanco y Dos más dos; también fue seleccionada y ganadora en varios festivales nacionales e internacionales. Más allá de los premios, no se puede dejar de lado que esta ficción está basada en la experiencia de una persona; saber eso es acercarse al film con un matiz especial, y admirar que a pesar de tener la “licencia” para optar por una mirada parcial, autobiográfica y autorreferencial, se eligió abrir, enriquecer a través de la escenificación de los sentires y de lo humano. Iluminar lo oculto y transformarlo en visible, escenificarlo, hacerlo viviente y cargado de sensaciones.

FICHA TÉCNICA

Drama / España-Argentina-Brasil / 2012 / 112′ / Wanda Visión- Director: Benjamín Ávila-Actores: Ernesto Alterio, Natalia Oreiro, César Troncoso, Teo Gutiérrez, Cristina Banegas, Douglas Simon- Guión: Marcelo Muller, Benajmín Ávila- Música: Pedro Onetto, Marta Roca Alonso- Producción: Luis Puenzo, Benajmín Ávila -Dirección de fotografía: Iván Gierasinchuk- Vestuario: Ludmila Fincic -Montaje: Gusavo Giani. Sonido: Fernando Soldevilla- Dirección de arte: Yamila Fontán.-

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