sábado, 26 de diciembre de 2015

Una escena que redobló la apuesta para generar arte

TEATRO › BALANCE DE LA TEMPORADA TEATRAL 2015 EN CABA

Mientras el Complejo Teatral de Buenos Aires, dependiente del gobierno porteño, sufrió el peor vaciamiento de su historia, el circuito alternativo fue el que aportó la mayor cantidad de títulos, variados en contenidos y formatos.

Por Cecilia Hopkins
DIARIO PAGINA 12

El hambre de los artistas, de Alberto Ajaka, y El farmer, de Pompeyo Audivert y Rodrigo de la Serna, fueron dos de las obras destacadas de la cartelera 2015.

Colmado de situaciones teatrales, el año que termina abundó en conductas públicas que parecieron salidas de un sainete bizarro o de una mala comedia de enredos. Desde el caso Nisman hasta el último de los capítulos de las elecciones presidenciales, una teatralidad burda y patética desbordó los ámbitos públicos nacionales. En despreciable versión, la esencia del hecho teatral –este efecto que implica asumir un rol en un tiempo y en un espacio determinado– también fue ganando terreno en los escenarios mediáticos. Acostumbrada al corrimiento de ámbito de la base de su oficio, la escena porteña redobló la apuesta generando ficción desde todos sus circuitos de producción. Como siempre ocurre, por cantidad de espacios y artistas implicados, el alternativo fue el que aportó a la cartelera porteña la mayor cantidad de títulos, en diversos contenidos y formatos. Algunos destinados a pensar en darle otro sentido a la actuación, como ocurre en Svaboda y en El hambre de los artistas, últimas producciones de Bernardo Cappa y Alberto Ajaka, respectivamente.

En materia legal, mereció el festejo de lo postergado la promulgación de la Ley del Actor, que prevé un régimen laboral y provisional especial, teniendo en cuenta el carácter discontinuo de la actividad. Otra conquista que habilitará la discusión sobre condiciones dignas de trabajo es la reciente constitución oficial del Sindicato Argentino de Autores, una resolución esperada por autores de teatro, cine, radio, televisión, nuevas tecnologías, autores coreográficos y compositores musicales. Ya desde el campo de la creación, pero con el objeto de hacerse eco de los frecuentes reclamos de cambio en las políticas de gestión del teatro público, el ciclo Mis Documentos que coordina Lola Arias en el Centro Cultural San Martín, presentó un singular espectáculo –Informe SM– elaborado por el Foro Danza en Acción y el Teatro Independiente Monotributista, que puso el foco en las malas condiciones de trabajo actuales, además de políticas que promueven la marginación de artistas.

Entre los numerosos ciclos celebrados durante el año, se destacó el Festival Escena Abierta, que organizan 17 salas alternativas; el Festival Internacional de Teatro Adolescente Vamos que Venimos, en su séptima edición consecutiva; y el ciclo Interfaces, que difundió performances signadas por el uso de la tecnología. Por su parte, Teatro X la Identidad presentó, entre otras novedades, un espacio para obras de teatro por la diversidad sexual. Otros encuentros abordaron temas de actualidad. Como el II Festival Nacional Sobre Violencia de Género y el Teatro Urgente, que presentó obras que desarrollaron contenidos relacionados con la prostitución y la marginación social.

Desde una expresión singular, la violencia de género fue abordada, entre otros teatristas, por Osvaldo Peluffo (Fábrica de chicas), Ciela Asad (Belleza y escándalo), Eva Halac (Sánchez Bulevar, reescritura de Los muertos, de Florencio Sánchez) y María Pía Rillo (Preciosura). El bullying fue el tema convocante de Boyscout, de Dennis Smith, obra ganadora del Premio Argentores en el rubro Teatro Musical. Por otra parte, la igualdad entre géneros tuvo en Síndrome de amor una propuesta diferente, obra de Miriam Martino y Lidia Catalano, con dirección de Corina Fiorillo. La violencia familiar motivó, entre otras obras, La crueldad de los animales, de Juan Ignacio Fernández, con dirección de Guillermo Cacace, en tanto que bajo la dirección de Mariana Giovine se estrenó Distracciones, última obra de Carlos Gorostiza que indaga en las apariencias y misterios que oculta la estructura familiar.

Piezas que tuvieron en el centro a personajes femeninos en conflicto hubo muchas. Querido San Antonio, de Patricia Suárez, y dirección de Raquel Albeniz y Paula Etchebehere, buscó romper con el modelo de la mujer sumisa y devota. Por su parte, el grupo Teatro-debate en Sepia presentó Afrolatinoamericanas, sobre la invisibilización de la mujer negra en la historia argentina. Basada en Estamos bien, prosa poética de Cristina Lobaiza, Soñar con cocodrilos describió las primeras impresiones de una mujer joven que acaba de perder a su madre, las cuales se constituyen en una reflexión de género. Sobre identidad sexual femenina, la coreógrafa y bailarina Carla Llopis estrenó Vulva, lo que no se nombra no existe. Ya en clave de humor, el mito de la madre omnipresente fue el tema elegido por Mónica Cabrera para su Electric Mamma. Y Constanza muere, de Ariel Faracce, aportó una mirada singular sobre la vejez y la finitud, con la historia de una anciana que actúa día a día su propio deceso.

Como sucede desde hace años, hay actores y directores que pasan con soltura del circuito comercial al oficial: tal es el caso de Javier Daulte, que dirigió en la calle Corrientes Venus en piel y en el Cervantes, Ni con perros ni con chicos. Por su parte, en el circuito oficial Daniel Veronese estrenó dos obras: Vigilia de noche, del sueco Lars Norén en lel Teatro San Martín, y Los corderos, de su autoría, en el Cervantes. Un cruce de otras características fue el que eligió el cineasta Carlos Sorin al poner en escena Equus, obra de Peter Shaffer, en una sala alternativa. Sobre los riesgos de salirse de los circuitos de circulación teatral, Walter Jacob y Agustín Mendilaharzu crearon Capitán.

Cantera de teatralidad garantizada, los clásicos de todos los tiempos fueron revisitados de diverso modo. Entre las puestas que eligieron inspirarse en la mitología griega, Casandra iluminada, unipersonal de Noemí Frenkel, se refirió a todas aquellas voces que intentan revelar verdades que finalmente son silenciadas y ocultadas. También sufrió un destino similar al de Casandra el personaje de El don, última obra de Griselda Gambaro que Silvio Lang estrenó en el Teatro Cervantes. Por su parte, el director Marcelo Savignone versionó La gaviota de Chéjov para hablar de los vínculos, del desamor y hasta del maltrato entre las personas. El absurdo cobró vigencia en Ubú, versión del ciclo escrito por el dramaturgo y dibujante francés Alfred Jarry dirigida por Andrés Bazzalo y Esperando a Godoy, de Beckett, con puesta de Rubén Pires. Entre los rescates de textos de raigambre popular, el director Claudio Gallardou estrenó en el Cervantes su versión de Juan Moreira. Entre otras piezas, Shakespeare se hizo presente en El asesino del sueño, versión de Macbeth de Facundo Ramírez; en una reescritura de Hamlet que dirigió Agustín Alezzo (La noche que Fortimbrás se emborrachó, de Janusz Glowacki) y en dos singulares puestas de Ricardo III. En la de Norman Briski, el protagonista se ve convertido en un guerrillero que busca instaurar la paz. En la versión de Jorge Eines, director argentino residente en España, la tragedia se ubicó durante el Tercer Reich.

En otros contextos escénicos fueron abordadas las consecuencias del nazismo: Juan Freund estrenó Infancia y exilio, obra de aliento autobiográfico y, en otro circuito, Gerardo Romano mostró en Un judío común y corriente, de Charles Lewinsky, la problemática actual de los judíos que viven fuera de Israel y los dilemas que afrontan quienes habitan un país como Alemania. Entre otras obras que hicieron referencia a la historia mundial, sobre el fondo de la Guerra Civil Española, ¡Ay, Carmela!, de Sanchís Sinisterra subió a escena interpretada por Elena Roger y Diego Mariano. La historia argentina dio material a variadas producciones. El tema Malvinas, por caso, tuvo un singular enfoque en Los hombres vuelven al monte, pieza escrita y dirigida por Fabián Díaz, e interpretada por Iván Moscher. Andrés Mangone dirigió Puente roto, de Pompeyo Audivert, un “sainete nacional metafísico” asentado en algunos momentos de la historia argentina. Por su parte, el director Román Caracciolo en La pequeña historia se refirió a las contradicciones que surgen en el registro de la historia y en su transmisión.

No faltaron obras que buscaron cuestionar los modos que asume la política. Las costumbres del autoritarismo fueron el eje central de varios montajes, entre ellos, La mancha indeleble, unipersonal de María Isabel Bosch acerca del vivir condenado o bajo la sombra de la sospecha. El abuso y la exclusión social fueron los temas privilegiados por el director Jorge Paccini en su puesta de Sucede lo que pasa, de Griselda Gambaro. En FidelFidel. Conflicto en la prensa, el grupo El Bachín que lidera Manuel Santos Iñurrieta habló sobre los medios de comunicación y la disputa por la verdad.

Ambientada en los entresijos del parlamento nacional en un tiempo futuro, El combate de los Pozos fue la propuesta de la actriz y dramaturga Andrea Garrote. Los años ‘70, en cambio, inspiraron a Mariana Mazover su obra Etiopía, historia de militancia contada desde el mundo de la infancia. Por su parte, el director Roman Podolsky en Prueba contraria puso en cuestión lo que la militancia de los 70 toleraba sobre cuestiones sentimentales. Otro hecho a destacar es que Enrique Pinti volvió con su clásico Salsa criolla para hablar sobre “un sistema evidentemente desvencijado”. Por otra parte, sobre los negociados del poder político y el sector salud, el dramaturgo y director Fabio Fusca creó Cuántica, y Anabella Valencia, Gorriona, obra dirigida por Martín Salazar que alerta sobre los efectos de los agrotóxicos en el país, en clave de comedia bizarra.

Entre los teatristas que optaron por generar teatralidad desde la narrativa, Pompeyo Audivert y Rodrigo de la Serna adaptaron, dirigieron y protagonizaron El farmer, sobre la novela de Andrés Rivera. En otra perspectiva, en Errante en la sombra, Adrián Blanco llevó a escena la novela homónima de Federico Andahazi, la cuentista Hebe Uhart inspiró ¿Cómo vuelvo?, unipersonal de María Merlino, y Alfredo Martin en Pessoa, escrito en su nombre, se refirió a la vida y obra del escritor portugués. Por su parte, Cristina Banegas incluyó otros textos de Lorca para remozar el unipersonal Los caminos de Federico. También hubo homenajes a personalidades literarias: Miguel Hernández, en la nueva puesta de Compañero del alma, de Villanueva Cosse y Adriana Genta, y Julio Cortázar, en Ocho cartas para Julio, de Gabriel Lerman, con dirección de Daniel Berbedés y actuación de Juan Palomino. Otros homenajes, aunque dedicados a personalidades de la escena, fueron Se nos fue redepente, texto de Niní Marshall interpretado por Magali Meliá, y Walter hecho pedazos, pastiche travesti y tragicómico de Facundo Zylberberg sobre Batato Barea, dirigido por Gabriel Wolf.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Un año teatrísimo

“Chopin & Schuman: el encuentro”
BALANCE

Por IRENE BIANCHI
DIARIO EL DIA

Empecemos por algunas excelentes propuestas musicales que vimos en Buenos Aires. “Doce dúos de amor”: encantador popurrí de inolvidables canciones románticas, bellamente interpretadas por Magali Sánchez Alleno y Juan Pablo Skrt, acompañados en piano por Roberto Antier, en el cálido ámbito de “Clásica y Moderna”. “El Hombre de la Mancha”: Pepe Cibrián Campoy, Raúl Lavié y Cecilia Milone recrean a puro talento en el Teatro Maipo un legendario musical que gira alrededor de la figura del excéntrico caballero andante. “La Novia de Gardel”: Ana María Cores y Mariano Depiaggi, al servicio de un texto de Marisé Monteiro y Pablo Mascareño, dirigidos por Valeria Ambrosio, imaginan el encuentro entre El Zorzal y su enamorada, en una obra plena de tango, pasión y suspenso, en el renovado Teatro 25 de Mayo (donde dicen que cantó Carlitos). En esa misma sala, un espectáculo infantil escrito por Gastón Marioni, con música de Hernán Matorra, dirigido por Rubén Viani: “Los fabulosos ¡Buu!”. Meme Mateo y Sofía Pachano protagonizan un enternecedor alegato contra el bullying y la discriminación, divertido y oportuno en los tiempos que corren. “Casi normales”: impactante versión local de “Next to Normal” con una Laura Conforte descomunal (Teatro Metropolitan). “El Gran Final”: logradísimo homenaje a Bob Fosse, ideado, coreografiado, dirigido y encarnado por Gustavo Wons, acompañado por un cuerpo de baile excepcional, en el Teatro Astral. “Cyrano de Bergerac, el musical”: otra propuesta de Gastón Marioni, con música de Tato Finocchi, con Juan Pablo Skrt, Magali Sánchez Alleno y elenco, espectáculo lírico-musical sobre el arquetipo del héroe romántico del siglo XIX, grotesco por fuera e inmensamente bello por dentro. “Melodías de diván”: comedia dramática de Marioni, estrenada en La Plata (Teatro Estudio), que desembarca en la calle Corrientes (Teatro Picadilly) con un elenco porteño integrado por Julia Zenko, Graciela Pal, Magali Sánchez Alleno, Roxana Randón y Ana Padilla. Boleros, amor, traición y secretos bien guardados.

Además de estos musicales, cuatro obras de texto de enorme potencia en CABA. “El loco y la camisa” (Teatro El Picadero): el “Banfield Teatro Ensamble” deslumbró con esta pieza escrita y dirigida por Nelson Valente, en la que se destaca la extraordinaria labor de Julián Paz Figueras. “El principio de Arquímedes”: provocativa obra del catalán Josep María Miró, dirigida por Corina Fiorillo, que pone al público en el difícil rol de jurado en un supuesto caso de abuso (Teatro Apolo). “Mala Madera”: escrita y dirigida por el platense Diego Cremonesi, con Felicitas Kamien, Federico Aimetta, Jorge Eiro y Eduardo Pérez Winter, en el Beckett Teatro, obra que combina el humor y el horror en justas dosis. Y un plato fuerte: “Terrenal”, de Mauricio Kartun, en el Teatro del Pueblo, con tres trabajos memorables a cargo de Claudio Da Paisano, Claudio Martínez Bell y Claudio Rissi, dirigidos por el autor.

Las propuestas porteñas que se presentaron en el Teatro Municipal Coliseo Podestá: “¡Ay, Carmela!”, de José Sanches Sinisterra, con Elena Roger y Diego Mariano, dirigidos por José Luis Arellano y Edgardo Millan, teatralidad en estado puro. “La Nonna”, comedia negra de Roberto Tito Cossa, con dos estupendos trabajos de Pepe Soriano y Hugo Arana, dirigidos por Jorge Graciosi. Otros dos actores consagrados, Beto Brandoni y Eduardo Blanco, en “Parque Lezama”, primera incursión teatral de Juan José Campanella. “El crédito”, con otra dupla excepcional: Jorge Marrale y Jorge Suárez, dirigidos por Daniel Veronese, un “tour-de-force” desopilante. Julio Chávez y Gerardo Otero trajeron “Red”, de John Logan, retrato del artista plástico Mark Rothko, con una ajustada dirección de Daniel Barone. Rodolfo Ranni y Mario Pasik encarnaron a dos entrañables amigos en “Aeroplanos”, el clásico de Carlos Gorostiza, dirigidos por Daniel Marcove. “¿Por qué será que las queremos tanto?”, simpática pieza escrita y dirigida por Daniel Dátola, con el platense Maxi Ghione y Roly Serrano. Como por arte de magia, “Sandro de América” se hizo presente en el Coliseo, recreado por Fernando Samartín. Hernán Piquín nos deleitó con la música de The Beatles en “Let it be … una historia de amor”, secundado por su excelente cuerpo de baile. Y un olvidable “Encuentro de genios”, de Beto Casella.

Tres producciones de la Comedia de la Provincia en su Sala Armando Discépolo de la calle 12. “La Jaula de las Locas”, de Jean Poiret, en versión de José María Muscari, éxito de taquilla con más de 10.000 espectadores. “El debut de la piba”, sainete criollo festivo de Roberto Cayol, dirigido por Marcelo Boveri. “Chopin & Schumann’s: el encuentro”: el tenor Ruben Martinez escribió una obra teatral de música clásica, en la que revela detalles de la vida de estos dos grandes músicos, y permite el lucimiento de virtuosos pianistas, una violinista, y la extraordinaria soprano Paula Almerares.

En el Teatro La Nonna, vimos un par de unipersonales: “Entre camarines”, con la capocómica Carmen Barbieri, y “La revolución del humor”, con una simpatiquísima Lizy Tagliani. Dentro de su tradicional cartelera maratónica de vacaciones de invierno, destacamos “Draculín, el vampirito”, en la que Leo Ringer se dio el gusto de actuar junto a su hijo, Lisandro, cuyos 118 años no se le notan ni un poquito.

En Teatro Estudio: el actor, cineasta y escritor Sergio Mercurio, el Titiritero de Banfield deleitó con “En camino”, un espectáculo poético, divertido y profundo. Por primera vez en La Plata, se presentó Teatro ciego, con una pieza de Roberto Arlt, La isla desierta, una experiencia inolvidable para los espectadores a oscuras, percibiendo a través de otros sentidos. El Esférico asumió el desafío de comprimir Hamlet, con dos actores –Martín Eliseo Mendivil y Emilio Berasain- interpretando todos los personajes de la tragedia de Shakespeare. Braian Kobla presentó “The Good”, un western urbano provocativo, para nada convencional. El teatro del absurdo se hizo presente con “El cepillo de dientes”, de Jorge Díaz, con Agusta Bermúdez y Nacho Pereyra León, dirigidos por Javier Cardini. La Compañía “Tecito y a la cama, Un ciclo de payasos”, ofrecieron “Él Cumple.años”, fresca y tierna propuesta, en la que huelgan las palabras. “La sustituta, melodrama escolar en un acto”, inquietante texto de Germán Reimondo, protagonizado por el propio autor y Eva Selva, dirigidos por Gastón Marioni, que gira en torno al poder y a la rigidez de las instituciones.

En Saverio Sala de Teatro, “Amleth”, adaptación de Omar Sánchez de la obra de Luis Cano, protagonizada por Andrés Cepeda, Mauricio Rodríguez y Alejandro Santucci: un trío arrollador.

Lorena Velásquez, en su flamante sala El Escape, adaptó y dirigió un clásico de August Strindberg, “El padre, con sangre de mujer en las venas”, con un compacto elenco femenino, integrantes del “Grupo Secretos”

En “El Bombín” el Grupo de Teatro del Pepam, dirigido por Jorge Silva, presentó “El testamento de Hortensia”. Una de las muchas bienvenidas propuestas de adultos mayores que se le animan a las tablas.

Justamente en la nueva y coqueta sala “Las Tablas”, otro verdadero éxito de taquilla “Lotería”, comedia de Hugo Daniel Marcos, dirigida por Gastón Beltramini. “Mariela Navas”, unipersonal del que la actriz colombiana Claudia Tobo es a la vez autora, directora y protagonista, e integrante de la compañía hispano-colombiana “La Máquina Poética”; una muy interesante mirada al conflicto armado en Colombia, desde el punto de vista de los oprimidos de siempre.

En la Sala 420, la Compañía chilena Ñeque Teatral ofreció “Ningún pájaro canta por cantar”, bellísimo y original espectáculo que denuncia la depredación de los bosques nativos y la imparable contaminación del medio ambiente. “Isadora o la revolución de un cuerpo”, con dramaturgia y dirección de Diego Biancotto, e interpretación de la actriz y bailarina Ayelén Díaz. Conmovedora lectura de la vida de una transgresora que revolucionó la danza: Isadora Duncan.

En la Sala Astor Piazzolla del Teatro Argentino, un clásico de Lyman Frank Baum: “El Mago de Oz”, adaptado y dirigido por Gastón Marioni, con Emilia Mayo, Angelo Fornabaio, Javier Ruiz de Galarreta, Juan Pablo Antonelli, Laura Jiménez y Javier Cardini, que agotó localidades durante el receso invernal.

Otro delicioso espectáculo infantil: “Chin, chin, por el Circo del Repique”: la excelencia esencial de lo simple y sencillo.

El imparable y prolífico Grupo de Teatro “La Anunciación” abordó una tragedia griega, “Las Troyanas”, de Eurípides, en la Sala “B” del Pasaje Dardo Rocha.

En Espacio 44, un unipersonal escrito y dirigido por Gustavo Vallejos, interpretado por el versátil actor Jorge Demarco, “El Huésped R.A.S.”, un embustero viajero.

El prolífico y multifacético Maestro Roberto Conte, al frente del Grupo de Teatro del Colegio de Abogados hace ya 30 años, cerró el año con un sainete de Alberto Vacarezza, “Tu cuna fue un conventillo”, a sala llena todas las funciones.

Un género muy de moda en los últimos tiempos, el “stand-up”, y un estandapero que se sale de lo previsible en cuanto a temática, rompe con el molde y divierte con agudeza, ingenio y originalidad: Alejandro Castañeda Zazzali, a la vez productor del ciclo que se presentó todos los martes en “Hispano”.

Y el Nano, entrañable y amado por los platenses, como siempre, presentó su “Serrat, antología desordenada” en la Sala Ginastera del Teatro Argentino. Un festín.

Una temporada rica y variada en propuestas, con esmeradas producciones locales de enorme repercusión.

Afortunadamente para todos, el teatro sigue vivito y coleando.